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PRODUCTOS DE ALTO RIESGO A LA SALUD Y AL AMBIENTE

  • Los plaguicidas organoclorados: interfieren con la transmisión axónica de los impulsos nerviosos, por lo que alteran, principalmente, la función del sistema nervioso a nivel cerebral. Producen cambios de comportamiento, disturbios sensoriales y del equilibrio, actividad involuntaria muscular y depresión de los centros vitales, particularmente del centro respiratorio, cuando la exposición a plaguicidas organoclorados es en baja dosis y por periodos prolongados, producen efectos de naturaleza citotóxica (como mutagénesis y carcinogénesis), endocrinológica, inmunológica y sobre el metabolismo de las vitaminas.

  • El mobiliario y accesorios del hogar: como moquetas, cortinas, pintura o papel en las paredes y algunos muebles, pueden haber sido tratados con productos químicos y son potencialmente peligrosos. Es importante observar que, unos días después de su instalación, las moquetas nuevas emiten compuestos orgánicos volátiles, que son productos químicos asociados con la fabricación de moquetas que pueden ser dañinos para los seres humanos y para el medio ambiente. Las cocinas de gas y de leía y las estufas de querosén también pueden emitir productos químicos peligrosos.

  • Los materiales de construcción: como el conglomerado, los aislantes, el asbesto y los objetos de madera con tratamiento especial para hacerlos resistentes a la lluvia (como muebles de jardín y vallas), también pueden ser peligrosos para la salud. Algunos juguetes y columpios y otras construcciones para jugar fuera de la casa, también pueden haber sido tratados con productos tóxicos, fabricados con plásticos tóxicos o pueden incluir materiales peligrosos. Cuanto más tiempo jueguen los niños en ese entorno, mayor será su exposición a esos productos tóxicos y mayor el riesgo para su salud.

  • Limpiadores y desinfectantes: La sustancia es corrosiva en contacto con los ojos, la piel y el tracto respiratorio. La inhalación de altas concentraciones del gas puede originar edema pulmonar. Los efectos pueden aparecer de forma no inmediata. A exposición prolongada la sustancia puede afectar a los pulmones, dando lugar a bronquitis crónica. Puede causar erosiones dentales.

  • Disolventes: La sustancia irrita los ojos y la piel. La ingestión del líquido puede originar riesgo de neumonitis química por aspiración. La sustancia puede causar efectos en el sistema nervioso central. El contacto prolongado o repetido con la piel puede producir dermatitis. La sustancia puede afectar al hígado y al riñón. Posibles efectos cancerígenos. A largo plazo, puede provocar efectos negativos en el medio ambiente acuático.

  • Insecticidas: La sustancia es tóxica en contacto con la piel y por ingestión. Puede causar efectos en el sistema nervioso, dando lugar a convulsiones y fallo respiratorio. La exposición a altas concentraciones puede producir la muerte. Los efectos pueden aparecer de forma no inmediata. Muy tóxico para los organismos acuáticos.

  • Lejía y amoníaco: Los compuestos clorados como el hipoclorito sódico, emiten vapores tóxicos que irritan las mucosas, pudiendo dañar los pulmones. La lejía quema la piel y es tóxica por ingesta. Algunos limpiadores contienen amoníaco, sustancia corrosiva en contacto con los ojos, la piel y el sistema respiratorio.

  • Limpiadores en seco: El percloroetileno usado en la limpieza en seco es un disolvente tóxico, volátil, persistente, acumulativo y no biodegradable. Puede afectar al sistema nervioso central.

  • Abrillantadores de suelo y muebles: Ciertos abrillantadores contienen sustancias como el fenol, que pueden producir erupciones cutáneas y su ingesta puede provocar convulsiones. El nitrobenceno puede decolorar la piel y desencadenar vómitos. Una vez aplicado, sus residuos pueden seguir emitiendo vapores.

  • Ambientadores: Es habitual que estos productos se fabriquen con sustancias que emiten olores fuertes y persistentes, como el limoneno compuesto orgánico volátil que puede irritar levemente los ojos, la piel y el sistema respiratorio. El contacto prolongado o repetido puede producir sensibilización de la piel. El naftaleno o el fenol mezclados con el perfume artificial pueden causar problemas respiratorios y oculares, dolores de cabeza y nauseas.

  • Champús: Algunos productos contienen formaldehído como conservante, que es un agente cancerígeno reconocido. Los productos anti-caspa a base de sulfuro de selenio son irritantes y han evidenciado en diferentes pruebas carcinogenicidad en animales. Los anti-piojos, a menudo, contienen el tóxico lindano, hexaclorociclohexano (HCH), reconocido organoclorado incluido en la lista de Contaminantes Orgánicos Persistentes (COPs).

  • Cosméticos: El fenol y el fenil son sustancias que se utilizan como conservantes por la industria cosmética. En el caso del fenol, su producción mediante la oxidación parcial del benceno lo convierte en una sustancia tóxica que puede afectar al sistema nervioso central, al corazón, al hígado, al riñón y a la piel. Los ftalatos como el dietilhexilftalato o DEHP, son muy utilizados como fijadores en los cosméticos y otros productos como jabones, champús, lacas de pelo, esmaltes de uñas y como desnaturalizadores del alcohol en los perfumes. Son contaminantes que se dispersan ampliamente en el medio y que pueden generar impacto en el sistema reproductor y en el desarrollo, y son disruptores hormonales (los ftalatos DEHP y DBP, dibutilftalato, están clasificados como “tóxicos para la reproducción”).

  • Geles de ducha, jabones, cremas de manos y perfumes: Los almizcles sintéticos usados en fragancias son sustancias químicas persistentes y bioacumulativas. Se relacionan con determinados efectos tóxicos que afectan a los sistemas reproductores y endocrinos. Además, se ha observado que una vez sobre la piel pueden causar alergias, dolores de cabeza, mareos, tos, manchas oscuras en la piel, pérdidas de concentración y, en algunos casos, hasta cáncer.

  • Desodorantes: Algunos transpirantes contienen clorhidrato de aluminio, una sustancia que puede ser un irritante cutáneo.

  • Pasta de dientes y enjuagues bucales: Determinados productos utilizan triclosán, sustancia química antibacteriana, que puede irritar los ojos y la piel. Esta sustancia puede ser muy tóxica para los organismos acuáticos.

  • Pinturas: En el mercado podemos encontrar algunas pinturas al agua contienen alquifenoles que son disruptores endocrinos, persistentes, bioacumulativos y tóxicos para la vida acuática. Aunque se ha reducido su uso, determinados productos como pinturas, plásticos, gomas, y selladores, utilizan como aditivos parafinas cloradas de cadena corta (PCCCs). Son sustancias “muy tóxicas para los organismos acuáticos” y representan un “posible riesgo de efectos irreversibles” como consecuencia de sus propiedades carcinógenas. Algunos plastificantes en pinturas utilizan ftalatos, que son disruptores hormonales. Algunos pueden causar daños en el hígado, los riñones y los testículos. Algunas pinturas y barnices con base disolvente, disolventes y pegamentos contienen compuestos orgánicos volátiles (COV), que pueden llegar a afectar a la salud humana, sobre todo, durante la aplicación del producto.

  • Compuestos organoestánnicos (butilestaños, octilestaños, tributilestaños) y alquilestánnicos: Se usan como agentes antibacterianos y catalizadores en la producción de plásticos (por ejemplo, en algunos productos de PVC y en envases plásticos). Son sustancias persistentes, bioacumulativas y es posible que interfieran con el sistema endocrino. Los compuestos alquilestánnicos también pueden dañar el sistema inmunológico y las neuronas. El tributilestaño (TBE), usado como tratamiento contra los ácaros y el moho en algunas moquetas y pavimentos de PVC, está como “perjudicial en contacto con la piel, tóxico si se ingiere, irritante para los ojos y la piel” y representa un “peligro de dañar gravemente la salud por exposición prolongada mediante inhalación o ingestión”.

  • Bisfenol A: Es una sustancia habitual en plásticos de uso común, en productos eléctricos y como lámina de recubrimiento en el interior de las latas de comida y de los tapones de las botellas. Existen estudios que han demostrado que esta sustancia altera los órganos reproductores masculinos y al comportamiento de los animales.

  • Sustancias perfluoradas (PFCs): Se utilizan como recubrimiento anti-adherente en planchas y cacerolas, y en el interior de los envoltorios de comida rápida y palomitas para microondas. También se utiliza como recubrimiento anti-manchas en alfombras, tejidos y pinturas. Estas sustancias persisten en el medio y pueden acumularse en suelos y en tejidos corporales de animales, poniendo en riesgo la reproducción en invertebrados de agua dulce y en mamíferos. También pueden aumentar la absorción y toxicidad de otras sustancias químicas peligrosas.

  • Los Bifenilos Policlorados: son sustancias químicas tóxicas, persistentes y bioacumulables en los organismos, que se transportan a grandes distancias, permanecen hasta decenas de años en el ambiente, incluso son resistentes a la degradación del sol. Pueden permanecer desde 3 semanas a dos años en el agua, más de 6 años en suelos, y más de 10 años en peces adultos.

Global - ONU suma nueve químicos peligrosos a su lista de sustancias prohibidas

Las Naciones Unidas incluyeron nueve sustancias químicas en su lista de contaminantes orgánicos persistentes y se proponen prohibir su empleo, según comunicó el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

Los Contaminantes Orgánicos Persistentes (COP), conocidos como la "docena sucia", se encuentran entre los productos o desechos más peligrosos fabricados por el hombre y causan o son sospechosos de causar muerte, enfermedades y malformaciones congénitas.

Las nueve sustancias consideradas especialmente peligrosas para los niños son los insecticidas hexaclorociclohexano alfa y beta, la clordecona y los plaguicidas lindano y pentaclorobenceno. Los componentes químicos conocidos como hexaclorocicloxeanos HCH no se producen directamente sino que quedan como residuos del lindano, sustancia que ya se fabrica en muy pocos países. El perfluorooctosulfonato, empleado para proporcionar resistencia a la grasa, el aceite y el agua a materiales como productos textiles, alfombras y papel, además del éter de hexabromodifenilo, el de tetrabromodifenilo y el hexabromobifenilo, usados como pirorretardantes.

Estas sustancias causan daños crónicos y de larga duración, también en la generación siguiente, lo que plantea naturalmente un problema especial. Las sustancias ignífugas, por ejemplo, son sospechosas de incidir en el sistema nervioso y producir cambios de conducta. Los compuestos fluorados atacan la fertilidad y también causan cáncer.